¡Debemos respetar las leyes de la naturaleza!

Víctor Hugo, el autor de Los Miserables escribió: “Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el genero humano no escucha.”Hoy estamos reunidos para intentar dialogar no sólo entre Estados sino con la naturaleza. Aunque muchas veces lo olvidamos, los sers humanos somos una de las fuerzas de la naturaleza. En verdad, todos venimos del mismo Big Bang que dio origen al universo. Aunque algunos solo ven la leña para el fuego, cuando cruzan el bosque.

Tres preguntas son el punto de partida del debate de hoy:

Primero: ¿Qué es la naturaleza? Una cosa, una fuente de recursos, un sistema, un hogar, una comunidad de seres y entes interdependientes.

Segundo: ¿Existen reglas en la naturaleza? ¿Leyes naturales que gobiernan su integridad, interrelación, reproducción y transformación?

Y tercero: ¿Nosotros como Estados y como sociedad estamos  reconociendo, respetando y haciendo prevalecer esas reglas de la naturaleza?

Francis Bacon decía que no se manda a la naturaleza sino obedeciéndola. El tiempo de los superhéroes y los superpoderes está llegando a su fin. La naturaleza no puede ser sometida a los caprichos de laboratorio. La ciencia y la tecnología lo pueden todo incluyendo la destrucción del propio mundo.

Es el momento de hacer un alto en el camino, y reafirmar el principio precautorio frente a la geoingeniería y toda manipulación artificial del clima. Todas las nuevas tecnologías tienen que ser previamente evaluadas en sus impactos ambientales, sociales y económicos. La respuesta para un futuro no está en  una invención científica sino en nuestra capacidad de escuchar a la naturaleza.

La Economía Verde considera indispensable darle precio a los servicios gratuitos que plantas, animales y ecosistemas brindan a la humanidad en la lucha por la conservación de la biodiversidad, la depuración de las aguas, la polinización que realizan las abejas, la protección de los arrecifes coralinos y la regulación climática.

Para la Economía Verde es necesario identificar las funciones específicas de los ecosistemas y la biodiversidad que puedan ser sujetas de valoración monetaria, evaluar su estado actual, definir el límite a partir del cual dejarían de prestar ese servicio, y concretar en términos económicos el costo de su conservación para desarrollar un mercado de servicios ambientales.

Para la Economía Verde el error del capitalismo es no haber incorporado en toda su magnitud a la naturaleza como un capital. Por eso, su planteamiento central es hacer negocios “amigables con la naturaleza”, crear empleos verdes y así limitar el deterioro ambiental introduciendo las leyes del capitalismo a la naturaleza.

En otras palabras, una transfusión de las reglas del mercado salvará a la naturaleza. Este postulado de la Economía Verde es absolutamente equivocado.

El debate no es filosófico, ya se anuncia que la tercera ronda de negociaciones de la Organización Mundial del Comercio sería sobre el comercio de los servicios y los bienes ambientales.

La humanidad se encuentra en una encrucijada: entre mercantilizar la naturaleza con la economía verde o reconocer los derechos de la naturaleza.

¿Por qué solo debemos respetar las leyes de los seres humanos y no las leyes de la naturaleza? ¿Por qué es sólo criminal el que mata al prójimo y no el que extingue una especie o contamina todo un río? ¿Por qué juzgamos la vida de los seres humanos con unos parámetros diferentes a los de la vida del sistema en su conjunto si todos, absolutamente todos, dependemos de la vida del Sistema Tierra?

¿No hay una contradicción en solo reconocer derechos a la parte humana de este sistema mientras todo el sistema es reducido a una fuente de recursos, de materias primas, en síntesis a una oportunidad de hacer negocios?

Hablar de equilibrio es hablar de derechos para todas las partes del todo. Puede ser que los derechos no sean idénticos para todos ya que no todos son iguales. Pero creer que sólo la parte humana goza de privilegios mientras los otros son objetos, es la peor estupidez de la naturaleza humana. Hace décadas decir que los esclavos tenían los mismos derechos era la misma herejía que ahora decir que los nevados o los ríos o los árboles también tienen derechos.

La naturaleza es implacable cuando se la desconoce.

Es increíble que sea más fácil imaginar la destrucción de la naturaleza que soñar con el derrumbe del capitalismo.

Albert Einstein decía que “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal sino por los que se sientan a ver lo que pasa.”

Aquí no hemos venido a ver un entierro.

Embajador Pablo Solón
Nueva York, 20 de abril de 2011
Discurso en ocasión del Dialogo Interactivo de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre Armonía con la Naturaleza


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