Einstein y la locura de las negociaciones climáticas

“Locura es hacer lo mismo una y otra vez
y esperar resultados diferentes”
Albert Einstein

Por Pablo Solón[1]

Después de veinte COPs las emisiones de gases de efecto invernadero continúan en ascenso y los pronósticos son que seguirán subiendo. En el año 1990 eran 38 Gt de CO2e y veinte años después llegaron a 50 Gt de CO2e[2]. Para evitar un incremento de consecuencias catastróficas de 2ºC en la temperatura mundial promedio, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero debieron haber alcanzado su pico máximo el año pasado para empezar a reducirse este año. Sin embargo, ese año pico de emisiones no se alcanzará con toda seguridad esta década y probablemente tampoco la siguiente.

¿Será la COP21 capaz de cambiar esta trayectoria suicida de las negociaciones climáticas? ¿Qué hará la COP21 de diferente para que el resultado sea distinto? O ¿Asistiremos a mas de lo mismo sólo que mucho peor porque ahora se consolidara un acuerdo hasta el año 2030 que nos conducirá a un planeta en llamas?

Lo lógico

Lo lógico sería que se establezcan metas mundiales a corto plazo que sean consistentes con el objetivo de limitar el incremento de la temperatura a 1,5ºC o 2ºC como máximo, tomando en cuenta que con 0,8ºC de incremento ya estamos viendo consecuencias muy graves. Si tomamos como referencia el estudio del PNUMA (UNEP) del 2013, para limitar el incremento de la temperatura a 2ºC las emisiones mundiales deben reducirse a 44 Gt de CO2e para el año 2020, 40 Gt para el 2025 y 35 Gt para el 2030[3]. Esas son las metas que debemos alcanzar en 5, 10 y 15 años.

Una vez establecidas las metas para esta década y la próxima el siguiente paso lógico es distribuir la contribución de cada país en la reducción de emisiones de acuerdo a: 1) el tamaño de su población, 2) sus emisiones históricas y 3) su capacidad económica y tecnológica. En otras palabras, si la meta es no emitir más de 44 Gt de CO2e para el 2020 y China representa el 19,14% de la población mundial sus emisiones anuales no deberían superar las 8,4 Gt de CO2e ese año y las de Estados Unidos que representa el 4,45 % de la población mundial no debería ser superiores a 1,9 Gt de CO2e a fines de esta década.

A esto habría que añadir variables que sean mas exigentes con aquellos países que más han contaminado históricamente como los EE.UU. responsable del 28% de las emisiones acumuladas entre 1890 y el 2007 o la Unión Europea que contribuyó con el 23% de las emisiones históricas[4]. Por último, habría que tomar en cuenta la capacidad económica (ej. el PIB per cápita) y tecnológica de cada país para lograr una distribución lo mas equitativa posible de lo que cada país debe reducir para alcanzar la meta de no más de 44 Gt de CO2e el año 2020. Sigue leyendo

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¿“Milagro” de Bolivia en relación al cambio climático?

Si los datos de reducción de la deforestación en el país son ciertos, Bolivia sería ya el país que mas emisiones de gases de efecto invernadero ha reducido en el mundo desde el año 2010. Según los datos de la Autoridad de Bosques y Tierra (ABT) la deforestación habría disminuido de 212,274 hectáreas en el 2010 a 76,576 hectáreas en el 2013 lo que representa una reducción del 64% en la deforestación.

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Esto sería una suerte de “milagro” en la reducción de emisiones de gastos de efecto invernadero de Bolivia. Veamos porque.

Las emisiones promedio por cabeza de los bolivianos fueron de alrededor de 14,5 toneladas de CO2e en el 2011 de las cuales 8,5 toneladas se deben a la deforestación (59%) 4 toneladas son generadas por la agricultura (27%) y 2 toneladas son producidas por la industria, transporte, generación de energía, basura y otros (14%) [fuente World Resource Institute]. Si la deforestación ha caído en casi dos tercios, las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la deforestación habrían bajado de 8,5 toneladas a 3 toneladas de CO2e per cápita. Lo que implicaría que las emisiones totales per cápita de los bolivianos han bajado en 5 años de 14.5 a 9 toneladas de CO2e lo que representa una disminución del 37% de las emisiones de gases de efecto invernadero con respecto al 2010.

Como referencia, la Unión Europea ofrece reducir en un 20% sus emisiones de gases de efecto invernadero para el 2020, mientras Bolivia ya habría reducido más del 30% tomando como base el año 2010 y mucho más si tomamos como año base el 2001.

Las preguntas que nos saltan a la vista son:

¿Son correctos los datos de reducción de la deforestación en Bolivia de la ABT?
¿Por qué Bolivia con semejantes resultados no ha presentado YA un compromiso de reducción de emisiones (INDCs por sus siglas en ingles) que sea un ejemplo para todo el mundo en el marco de las negociaciones para la COP21 en París?

En todo caso, lo fundamental a remarcar es que las emisiones per cápita de Bolivia son altas, de 14.5 de toneladas de CO2e por boliviano en el año 2011 y nos colocan en el puesto 27 de 193 países, cuando la media mundial de emisiones per cápita es de sólo 6.5 toneladas de CO2e. Como referencia las emisiones per cápita de EE.UU. son 19.6 y de Rusia 15.5 toneladas de CO2e. Bolivia está mas cerca de estos países contaminadores que de Costa Rica que tiene emisiones per cápita de 1.5 toneladas de CO2e.

La ampliación de la frontera agrícola (área cultivada) no puede darse a expensas de nuestros bosques. En 10 años, entre el 2001 y el 2010, se han deforestado casi 2 millones de hectáreas. Deforestar un millón de hectáreas más para ampliar la producción agrícola, cuando en Bolivia existen mas de 12 millones de hectáreas de tierra aptas para cultivar de las cuáles sólo se emplean 3.5 millones de hectáreas, sería un golpe muy duro a la Madre Tierra.

Bolivia puede bajar sus emisiones de gases de efecto invernadero significativamente si sumamos esfuerzos para que las quemas y el chaqueo que empiezan por estos meses se reduzcan notoriamente, y si nos comprometemos a que un incremento de la producción agrícola no se dará a costa de una mayor deforestación.

Los derechos de la Madre Tierra y nuestro compromiso en la lucha contra el cambio climático no pueden ser sólo un discurso. Es tiempo de pasar a la acción y demostrar con hechos lo que pregonamos. Hoy es todavía.

Pablo Solón